De la cancha a la política: la extrema derecha se apodera de las playeras de futbol

La camiseta de la selección nacional , sobre todo en días previos a la celebración de un Mundial, es normalmente un símbolo de unión, pero en los últimos años, se ha vuelto un elemento de confrontación política en algunos países sudamericanos, donde miembros de movimientos de extrema derecha , la han adoptado como parte de su uniforme. El caso más reciente ocurrió en Colombia . El candidato a la presidencia, Abelardo de la Espriella , usó la playera de su selección para varios de sus actos de campaña, incluida la celebración por sus buenos resultados en la primera vuelta de las elecciones.


“¿Desde cuándo la selección Colombia es patrimonio de la campaña del señor De la Espriella?”, cuestionó el candidato de la izquierda Iván Cepeda, de 63 años, en una rueda de prensa en la que dio el pistoletazo de salida a su campaña para la segunda vuelta.

Nacionalismo, futbol y política
El abogado de 47 años y sus seguidores usan la prenda con una modificación, pues incluyen un tigre estampado, el símbolo de la campaña y apodo de
De la Espriella. Algunos de sus simpatizantes aseguran que utilizan la playera como un signo de
patriotismo. Fabián Villalobos, politólogo y académico del Bachillerato en Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Diego Portales, explica que las narrativas de extrema derecha suelen apelar a una visión a la que oponen a los movimientos más cosmopolitas o cercanos a la
globalización. “La correlación tiene que ver con la
narrativa nacionalista, igual que la bandera y otros símbolos patrios; apropiarse de la playera es un siguiente paso en la estrategia de presentarse como ‘defensores de lo patriótico’”, dice por su parte Mercedes Baltazar, experta en comunicación y fundadora de la consultora Meraki. En
España , por ejemplo, el partido de extrema derecha
Vox no utiliza la playera de la selección, pero sí la
bandera española , sobre todo en contraposición a la bandera de algunas regiones autónomas con movimientos independentistas, como Cataluña. Baltazar recuerda el caso del
expresidente Jair Bolsonaro , quien gobernó Brasil entre 2019 y 2022, y quien convirtió la camiseta verdeamarela en la bandera de sus dos campañas presidenciales. El símbolo también se vio en las protestas en contra
del juicio contra el exmandatario por encabezar un intento de golpe de Estado contra
Luiz Inácio Lula Da Silva , su sucesor. “Envolverse en la bandera manda un mensaje demasiado fuerte, hacerlo con la playera nacional intenta hacerlo más aterrizado al tiempo que separa a la nación de los ciudadanos que no comparten sus posturas”, dijo la especialista en construcción de reputaciones.

El uso del futbol, sobre todo en una región como Latinoamérica, no es casual. Durante un mitin el domingo por la noche, De la Espriella, su esposa y sus cuatro hijos vestían la camiseta amarilla de la selección nacional, en medio de la euforia en el país ante el inminente inicio del Mundial de Futbol 2026. Colombia , cuya estrella James Rodríguez ha sido cliente del abogado, jugará su primer partido el 17 de junio contra Uzbekistán. David Quitian, antropólogo especializado en deporte, dijo a la AFP que De la Espriella busca unir “la pasión deportiva con la pasión política”. El futbol es el deporte más visto en muchos de los países de la región, principalmente en los países sudamericanos, por lo que se vuelve muy atractivo para muchos políticos como una forma para acercarse a nuevos votantes. Además, este deporte también mueve grandes emociones entre los espectadores, que incluso han terminado en tragedias, como el asesinato del futbolista Andrés Escobar después del Mundial Estados Unidos 1994, donde marcó un autogol, lo que contribuyó a que la selección colombiana quedara eliminada de la competición. “Como podemos generar identidad política a través de los partidos políticos, generamos identidad a través de los clubes deportivos, y un candidato que, sean de un club u otro, puede ayudar o beneficiar a que se vote por él, porque me reconozco con él como el otro”, dice Villalobos, académico de la UDP.

Bolsonaro, el caso emblemático Consciente de la importancia del futbol en un país como Brasil, el máximo ganador de Copas del Mundo en esta disciplina,
Bolsonaro usó las camisetas de hasta 74 equipos brasileños como parte de su estrategia de comunicación como presidente, pero siempre regresó a la
canarinha, como se conoce a la playera amarilla de la selección.


Las camisas de Brasil, en realidad, hicieron su debut en 2014, durante las protestas contra la izquierdista Dilma Rousseff, en medio de la celebración del Mundial en el país sudamericano. En las manifestaciones se exigía su destitución. En 2018, Bolsonaro volvió a adoptar la canarinha como uno de los símbolos de su movimiento político. “Se trata de un símbolo muy querido a nivel popular y aprovechó para obtener declaraciones públicas de apoyo de personalidades como Neymar. La playera brasileña era usada como símbolo de orgullo nacional incluso en protesta, por eso la decisión de Bolsonaro y sus seguidores de apropiársela tiene un sentido de ‘recuperar el país’”, explicó Baltazar. Para algunos brasileños, la playera amarilla de la selección se convirtió en un símbolo de Bolsonaro más que de la selección brasileña, por lo que optan por modelos alternativos para alentarla o, incluso, se han alejado del deporte. “Desde que la camiseta fue secuestrada por la extrema derecha (…) no tengo el menor interés en usarla”, dijo a la AFP Leonardo de Morais, analista de sistemas de 37 años en Río de Janeiro. Afectó “incluso mi afición por el futbol”, agregó el izquierdista.

¿Un símbolo del que se puede reapropiar? Para los especialistas consultados por Expansión , la narrativa nacionalista que evoca el uso de la playera de la selección de fútbol tiene connotaciones distintas para la izquierda o el centro, lo que puede ser un obstáculo para su uso. “Tal vez el caso mexicano es un buen ejemplo para ver un uso “más parejo” de la camiseta mexicana, en parte porque hasta ahora el concepto de nación y soberanía forma parte del discurso del gobierno actual. También pienso en la camiseta argentina, porque es un orgullo que supera incluso las tensiones políticas más grandes”, dice Baltazar. Sin embargo, también dice en qué contexto como el brasileño, el colombiano o el chileno, lo nacional suele evocar a contextos poco amigables para la izquierda, como las dictaduras militares o el paramilitarismo, por lo que será complicado que la camiseta pueda ser reapropiada por estos sectores políticos.

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