• Vacunados, curados de espanto

Vacunados, curados de espanto

 

El Confesionario de Rasputín

Por: Francisco Rubén Chávez Osorio

 

www.eltotonacapan.com

 

Después de un tiempo de tener que someternos a una forma diferente de organizar nuestras vidas y adaptarnos a los lineamientos y medidas sanitarias que las autoridades en la materia recomendaron a fin de preservar nuestra salud y nuestras vidas, el mundo de pronto pareció iniciar a respirar, a pesar de que no todos seguimos esas recomendaciones y muchos con tristes noticias en sus propias familias por el desacato de estas.

Recuerdan aquellos memes que hablaban de que en lugares calurosos no afectaría el mentado virus tal como la ciudad y puerto de Veracruz…y causaron risa y mofa, ¿lo recuerdan?

Hubo los que oyendo absurdos de alto nivel en donde se dijo que “era un invento para perjudicar a los gobernantes en turno”, y cual fieles seguidores o fanáticos de una porra corearon y hasta se tejían en discusiones con compañeros de trabajo, familiares y ya ni se diga en las benditas redes sociales, sí, de pronto medio mundo se volvió experto epidemiólogo o por lo menos conocedor de la pandemia que ya azotaba a países que cuentan con grandes avances en materia de salud, tecnologías y el manejo de crisis a diferencia de nuestro querido México; a pesar de que todos éramos testigos a través de los medios de comunicación con testimonios en vivo y en directo de cómo se tuvieron que transformar países como Japón, España, Italia, etc., sin embargo parecía que los dichos y las creencias de radio pasillo eran por mucho más valiosas e importantes que la realidad. Si bien es cierto que somos un país de gente valiente, pareciera más que nada de insensatos, burlones de la desgracia y en ese juego como en las fiestas patronales azuzando a los toros tentando a la ocasión de ser embestidos, con la gran diferencia que este minúsculo virus nos ha hecho ver nuestra suerte, que pareciera hasta una especie de emisario para recordar al ser humanos cuan frágiles somos a pesar de sentirnos tan grandes y poderosos, arrogantes y soberbios.

Cuando surgieron los primeros casos de aquello que invocaban muchos incrédulos “díganme un solo nombre y apellido de gente conocida”, entonces se empezó a sentir un poco de temor que conforme iban surgiendo más nombres de personas conocidas y el número de muertos aumentando, las calles se fueron viendo vacías…

Ahí fue que todo empezó a cambiar realmente, las actividades para satisfacer las necesidades básicas como proveernos de alimentos, las actividades generadoras de la economía, todo, todo tuvo que adaptarse.

Y sí, para colmo aquello de “yo les aviso cuando se guarden”, etc., fueron múltiples los factores, pero esencialmente nos habla de que nivel de información y la calidad de esta en la cual nos basamos como sociedad para saber responder ante una situación que afecta a nuestra nación.

Allá en mi pueblo desde niño escuchaba que “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, y así nos ha pasado en el país, a pesar de ver a través de diferentes medios de comunicación e incluso a través de las redes sociales, transmisiones en vivo, etc. Se daba el fenómeno de una rebeldía arrogante en una actitud de, mejor como que no veo y así no pasa nada…

¿si han visto cuando un peatón cruza la calle cuando ya va a cambiar el color del semáforo a rojo y el dándose cuenta aun así se cruza la calle y hace como que no ve, y además lo hace despacito?, bueno, tal cual solo que con la propia salud.

Ciertamente no estamos acostumbrados como país, como estado y menos en una ciudad costeña a estar guardados, a pesar de ser por nuestro propio bien. No tenemos esa disciplina de actuar con base a información fidedigna que nos brinde un bien, así como desde niños crecimos sabiendo que, aunque la inyección te pueda causar dolor o miedo, es por nuestro propio bien y para sanar, pero ¿qué creen?, crecimos y nos volvimos rebeldes sin razón, por cierto.

Y luego vino el efecto de róbate la base como en el béisbol, de pronto aquellas calles que, si bien estuvieron vacías y causaron en su momento tristeza y nostalgia, empezaron a tener movimiento de gente que a escondidillas empezó a danzar por diferentes lugares, por cierto, bares y cantinas fueron de los primeros sitios de concurrencia…

Entre tanto sí, comerciantes, empresarios queriendo ver un poco de noticias esperanzadoras que puedan dar aliento a la economía y las actividades productivas afectadas…así llegaron las indicaciones del bendito “semáforo epidemiológico” que trajo consigo señales de poder irse integrando a la nueva normalidad, pero con medidas sanitarias a tomar, lo cual no fue precisamente así, entre tanto muchos hoy no están ya en este mundo. Por otra parte, muchos esperando que llegue la vacuna a nuestro país para tener de alguna manera esperanza de vida en cuanto a poder sobrevivir a la pandemia.

Por circunstancia llegan las vacunas a nuestro país en medio de un proceso electoral en donde hemos visto de todo, al inicio acaparamiento gubernamental y pleito conta particulares que quisieron ver en ello una oportunidad para realizar un negocio legal, desorganización y falta de logística para su aplicación, robo de algunas unidades de vacuna, desatención al aplicar a los médicos en general, etc., en fin de todo, pero que a estas alturas ya se ha logrado ir avanzando en subsanar varias de estas.

Ahora el efecto “can can por todos mis amigos”, las personas que ya se vacunaron, en donde además no todas las vacunas son de una sola dosis, sino que también la hay que requiere de dos dosis para que sea una vacuna completa; pero, aunque ya tuvieran las dosis no es de un efecto inmediato en el organismo.

De pronto la felicidad llega a las caras de las personas de la tercera edad que les permitió a muchos de ellos salir de casa, a otros ver a mucha más gente y de repente sentir que lo malo ya pasó, estamos salvados, pero no solo las personas de tercera edad, sino los familiares de estos, de tal suerte que se ve ahora un ambiente relajado de los cuidados.

Ojo, no es precisamente así, sin ser ave de malagüero, es decir, aunque ya estén vacunados nuestros queridos ancianos es necesario seguir cumpliendo con las medidas de sanidad, nada de que ya quedamos curados de espanto, porque en una de esas “ahí viene el toro”

 

Hasta aquí mi entrega por ahora

 

Nos vemos en el próximo confesionario

 

yefimovich1977@gmail.com