• La ratonera

La ratonera

 

Editorial

Por: Beatriz Pagés*

 

www.eltotonacapan.com

 

A ver si la oposición despierta. La consulta del 1 de agosto para enjuiciar a los actores políticos del pasado es una trampa. Se trata de desahuciar moralmente a quienes hayan participado en gobiernos anteriores para dejar a los favoritos del régimen sin competidores.

 

La pregunta de la boleta sirve para todo y para nada. No es para enjuiciar a expresidentes porque no hay denuncias y si las hay ya prescribieron. Lo que sí existen son pactos de impunidad con un par de ellos. Lo que habrá en la mañanera, del día siguiente, es un patíbulo donde el verdugo ahorcará con su lengua a los adversarios que aspirar a ser candidatos en el 24.

 

¿Qué tal el nombre de Ricardo Anaya o el de Enrique Alfaro? ¿Por qué no el de Ildefonso Guajardo, Enrique De la Madrid, Lorenzo Córdoba o el de algún empresario? Todos, en su momento, han sido actores políticos del pasado.

 

En contraparte la  oposición también  debería presentar una lista.  Ahí cabrían Manuel Bartlett, Marcelo Ebrard, Claudia Sheinbaum, Mario Delgado, Martí Batres, Jiménez  Espriú, Olga Sánchez Cordero, Alfonso Durazo, Ignacio Ovalle, Dolores Padierna, Pablo Gómez, Fernández Noroña y muchos más que tienen, por distintas razones, cadáveres en el clóset.

 

En esta lista hay responsables directos o indirectos de homicidio, corrupción, fraude, de tener vínculos con el crimen y violación a los derechos humanos, delitos que por ley no se han extinguido. La única diferencia es que —siendo del pasado—,  el Mesías los protege en el presente con su manto de impunidad.

 

López Obrador no puede, ni quiere enjuiciar a expresidentes. El 17 de julio de 2020 lo dijo con todas sus letras:  “He dicho que yo votaría en contra de que se juzgara a ex presidentes, porque creo que no debemos anclarnos en el pasado…” Entonces, ¿para qué la consulta?

 

Para reventarle a la oposición el proceso de sucesión presidencial. AMLO está utilizando a la ciudadanía para arreglar su tablero electoral rumbo al maximato. Busca, desde hoy, eliminar a contendientes que puedan ganar y poner en riesgo su proyecto político autocrático.

 

No sólo hay una sucesión adelantada al nombrar —tres años antes— a los posibles candidatos de Morena a la presidencia. El gobierno prepara y prefabrica expedientes para eliminar desde hoy a quienes puedan expulsar del poder a la Cuarta Transformación. Con la consulta se prepara el escenario para una purga de adversarios.

 

Mientras en democracias desarrolladas el plebiscito ha servido para cerrar una era y provocar cambios históricos —ahí está el No a Pinochet y el Sí a poner fin al apartheid en Sudáfrica—, en México se recurre a un instrumento de participación popular para prolongar el poder de un tirano.

 

La consulta del 1 de agosto fue construida paso a paso como una trampa. Lástima que se prestó a esa celada la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En todo plebiscito la pregunta tiene que ser corta y clara para que el ciudadano sepa exactamente de qué se trata. Pero aquí, a nadie le interesó la claridad y sí confundir y engañar.

 

Oposición y ciudadanía deben rechazar la consulta. Esto es un asunto de dignidad. El presidente cree que nos puede tratar a los mexicanos como ratones. Nos pone queso para ver si caemos. Si se necesitan 34 millones de votos para hacerla vinculante, que sean 93 millones los que no voten. Burla al burlador, para defender al país de un impostor.

 

@PagesBeatriz

 

* Directora de la revista Siempre