• De Gritos y Silencios.

De Gritos y Silencios.

 

El Confesionario de Rasputín

Por: Francisco Rubén Chávez Osorio

 

www.eltotonacapan.com

 

A más de dos siglos del evento que conocemos como la lucha de independencia de México vale la pena tomarnos unos minutos para la reflexión de que tanto se ha logrado al respecto. Si bien es cierto aquella época y ese contexto referente la independencia de la corona española fue parte de la historia que marcó toda una época de nuestro país.

 

Pero ¿qué tanto hemos podido crecer y avanzar con nuestro propio yo como nación?

 

Cuando de pronto nos damos cuenta que entre nosotros mismos hemos menospreciado como sociedad a quienes provienen de comunidades étnicas en vez de acogerlos como hermanos miembros de una misma tierra y procurar su desarrollo en igualdad de condiciones y por otro lado pareciera mi México lindo y querido un viejo adolescente que no encuentra aún su identidad, aquella que se modificó desde la llegada de los españoles y con el paso del tiempo muchos otros extranjeros que decidieron hacer de nuestro país su lugar de vida, trayendo consigo nuevas aportaciones culturales, comerciales, etc., y que en medio de ese mosaico de naciones hemos crecido en un ambiente cosmopolita del cual pudiéramos sacar el mejor provecho y sin embargo nuestra sociedad mexicana se conforma con la rica tradición de un festejo, y lo digo tal cual, es una tradición llena de colorido que incluye vestuarios, bailables, música, canto, deliciosos platillos que han dado fama mundial a nuestro país en donde no pueden faltar un buen tequila o mezcal seguramente por aquello de la identidad nacional y que sirven de aderezo a la convivencia familiar o con amistades, hermosos escenarios que visten las ceremonias del “grito de independencia” y sin pasar por alto el desfile militar incluido como cierre de los mismos.

 

Se logra llegar a mover las fibras más sensibles de los mexicanos, muchos por el recuerdo desde niños que nuestros padres y abuelos nos inculcaron un respeto por la celebración, pero sobre todo el sabor de la fiesta que identifica de manera general a nuestro pueblo mexicano.

 

Una imagen pintoresca que revolotea en el inconsciente colectivo, aunque en esta ocasión un festejo un tanto silenciado por los estragos de la pandemia mentada, la ausencia de seres queridos y las limitantes sanitarias que no deben permitir reuniones tumultuosas como era típico para la ocasión…

 

Muchos pueblos cobran vida de manera particular en las fechas; mucha gente obtenía buenos dividendos fueran músicos, bailarines, empresarios restauranteros y hoteleros o de centros de diversión y esparcimiento. Esta vez tampoco ha sido posible realizar de tal manera los festejos, y quien se haya aventurado a romper con las limitantes necesarias por cuestión de salud pagara seguramente caro las consecuencias, la prueba es latente y reciente tanta gente después de los jolgorios de las campañas y eventos masivos se dieron rienda suelta y hoy ya no están en este mundo.

 

De alguna manera y por esta razón muchas voces hoy no estuvieron para dar el tradicional grito. Pero también es bueno pensar que podemos realmente celebrar:

 

¿Somos ahora un país totalmente libre e independiente?

 

¿Qué hacemos con la libertad…estamos creciendo realmente unidos?

 

Hoy en día existen a diario muchos otros gritos de clamor por justicia entre nosotros mismos, clamor por seguridad pública, por que aparezcan tantas y tantos mexicanos de los cuales no se sabe nada, etc.

 

Entre gritos y silencios así caminamos, pues mientras exista ese ambiente no somos realmente libres ni podemos sentirnos con la capacidad de hacer una vida cotidiana en paz y armoniosa.

 

Mientras tanto ojalá y estas anécdotas que quedaran para la historia nos permitan aprender para tomar un nuevo comienzo.

 

Nos vemos en el próximo confesionario.

yefimovich1977@gmail.com